20050902

-Sammy, piénsalo. ¿Cuándo empezaste a quejarte de tu vida? ¿Este año? –Miriam colmó el silencio con un torrente de palabras-. Seguridad. Eso es todo lo que cualquier persona desea. Jubilación, hospitales, empleo, casa... ¿Votaste acaso a favor de la ley de control de la población, hace siete años?
Meneó la cabeza, recordando en silencio. Aquello había ocurrido antes de que naciera su hijo. Un hombre quiere tener un hijo por algún motivo vago, para que siga sus pasos cuando él haya muerto.
-Cada diez años –prosiguió la muchacha con amargura- desde hace más de un siglo, el mundo se ha enfrentado al problema demográfico. Y siempre vota en contra de la ley. Las naciones occidentales temen que las orientales no las sigan. Y de ese modo, la población mundial se eleva al cubo cada cien años. Sólo ahora, en estos últimos veinte años, más o menos, ha surgido el miedo al hambre. ¿Y la ciencia? Nunca hay suficiente dinero para investigar. Los científicos se ven forzados a jugar a estúpidos juegos de guerra, a enfrentarse con la insuficiencia de alimentos y tratar de encontrar medios para conseguirlos...Medios para que cincuenta millones de personas se amontonen en un espacio adecuado para cinco millones, medios que permitan crear climas soportables en planetas imposibles de habitar. Y siempre obligados a enfrentarse a quienes afirman que el hombre fue puesto en este planeta, la Tierra, y que en la Tierra debe quedarse. Quizá la gente esté en lo cierto, Sammy. Quizás los que se oponen al control demográfico en nombre de Dios tengan razón. Pero si la tienen, entonces Dios se propuso, sin duda, que nos extendiéramos fuera de este planeta...
...y siempre –prosiguió ella- chocamos con las personas que aseguran haber demostrado tajantemente que es imposible idear un sistema de propulsión capaz de aproximarse a la velocidad de la luz y, mucho menos todavía, superarla...Pero ahora se está abriendo un claro. ¿Qué crees que sucedería si los hombres lo supieran?...si los hombres se enteraran de que sus hijos podrán algún día emigrar a las estrellas, jamás votarían ni podrían en practica una ley para controlar la población, y todos moriríamos antes de que se construyera el primer cohete estelar...


(Fragmento de El Amor y las Estrellas...Hoy! de Kate Wihelm)

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