20060707

Hoy tendría que haberle dedicado el día a terminar un articulo sobre Joy Division pero resultó no ser el mejor día para ponerse a pensar sobre Ian Curtis. Al igual que él, Juan Pablo Rebella decidió ponerle fin a su vida terminando así con una exitosa y prometedora una carrera artística y profesional. Pocas ganas tenía hoy de escuchar "Love will tears us apart", una de sus canciones favoritas.
No fui lo que se dice un amigo intimo de Rebella y hace un tiempo lo había dejado de ver con la frecuencia con la cual lo veía hace unos años. Lo conocí en el periodo que colaboré con el grupo de teatro de nuestro amigo común Daniel Hendler, aunque después nos enteramos que nuestras madres se conocían y que él ya recibía los mails que yo mandaba comentando los discos ("¿¡Vos sos Martín Canova?!. Esto es increíble, por fin sé quién sos.¡Este día es para mí como cuando me enteré que Papá Noel eran los padres!"). Por un periodo de tiempo intercambié con él discos, películas y largas charlas sobre música. Teníamos en común profundo amor por la música y la creencia vital en su capacidad para afectar en la vida de las personas. No era algo menor que solo hablaramos de música porque eramos de la opinión de que la música podia explicarlo todo. Fan de muchas de mis bandas favoritas, como los Sonic Youth, Stooges, Joy Division, The Clash, Wire, Buenos Muchachos o Dios, Rebella siempre podía explicar alguna situación o circunstancia de la vida con la letra de alguna canción. Durante todo el día de hoy mi cabeza repasó automáticamente algunos de momentos que pasé con él. Como el mail emocionado que me mandó cuando terminó de ver la película de los Clash que le presté (Westway to the World, que nunca me devolvió) y donde me contaba que se puso a llorar en el mismo instante que Strummer también se quebraba y dejaba caer una lagrimas cuando recordaba el fin de los Clash. Cuando festejó un gol suyo gritando: "¡Senegaleses putos!". Porque durante un tiempo jugué al fútbol con él y su circulo de amigos. Tengo que decir Rebella fue de los peores jugadores de fútbol que vi en mi vida, pero en compensación demostraba el entusiasmo de un niño de 8 años por jugar y en organizar los partidos. Recuerdo también cuando se acercaba a decirme lo horrible que le pareció Travesti y en deshacerse a elogios a bandas que él últimamente escuchaba y a mí lo único que me inspiraban era ganas de tirarles una botella. O una vez en La Ronda estábamos solo él, Ezequiel, el dueño y el mozo y nos pasamos gran parte de la noche eligiendo que canción poner.
La última vez que vi a Rebella fue en el Festival de Cinemateca de este año y me dijo que había pasado un viaje a no sé dónde escuchando anécdotas mías de la infancia que le contaba la madre de Gonzalo Delgado que era también amiga de mi madre. Yo lo primero que pensé fue que ojala que no le haya contando sobre la vez que me cagué encima en el Cuartel de Bomberos. Cuesta creer que esa persona no este mas en este mundo. Una persona muy querida por cierto, con muchos, muchísimos amigos. Mi tío (profesor y tutor de su Tesis) me dijo hoy en el velatorio, en una especie de variación de la frase "los padres no deben enterrar a sus hijos" que "los alumnos no deberían morirse".
Por ciertas convicciones personales que hoy tuve ganas de tirar a la mierda siempre me he preferido mostrarme respetuoso la decisión de las personas que eligen quitarse la vida. Pero a Juan Pablo le quedaban películas por hacer, cervezas por tomar, discos que escuchar.
Hoy hubo una especie de veranillo en la ciudad. Uno de esos días de invierno que sale a la calle y recuerda lo lindo que es Montevideo cuando no es invierno y la enorme cantidad de mujeres lindas que hay. Hubiese sido un día hermoso...pero mierda.
Mierda. Mierda. Mierda.

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